lunes, 18 de junio de 2012

LA PRÁCTICA DEL FÚTBOL EN PARANÁ

CIRILO AMANCAY PINTOS
PIONERO EN LA PRÁCTICA DEL FÚTBOL EN PARANÁ
Esta ciudad no escapa a la influencia de los ingleses del ferrocarril en el inicio de la práctica del fútbol, aunque entre la juventud local fue el alumnado de la Escuela Normal el primero en practicarlo. Allí desde 1895 se encontraba ejerciendo como profesor para la mesa examinadora de gimnasia y ejercicios militares, entre otros, Ricardo A. Poitevín, quien luego contribuiría junto a Cirilo Pinto con el inicio en la práctica del fútbol.

Existían desde tiempo atrás disposiciones expresas respecto al ejercicio físico en los colegios, por ello y en ese contexto, puede entenderse la práctica del fútbol. En 1898 el Ministerio de Educación Pública de la Nación había decretado cómo debía llevarse adelante la enseñanza de ejercicios físicos en los establecimientos de instrucción secundaria, disponiendo que se adoptaran las disposiciones pertinentes para que se diera comienzo a la mayor brevedad, distribuyendo el impreso con el programa respectivo a rectores, directores y profesores. Cabe apuntar que también el Colegio Nacional se encontraba en el mismo camino incentivando el ejercicio físico, para lo cual contaba como profesor de gimnasia con el señor Juan R. Cáseres.

La crónica deportiva de la prensa local el 2 de julio de 1952 recordaba:
“El 9 de julio se cumplen cincuenta años del fútbol paranaense. Medio siglo se cumplirá el miércoles de la semana entrante, que jalonan un historial deportivo pleno de emociones, de luchas, de sinsabores, de alegrías y de triunfos; cincuenta años que darán acicate al recuerdo de viejas luchas, de viejos jugadores y pondrán emoción y confrontarán el espíritu de aquellos primeros que dejaron tras de sí el producto de sus afanes que hablan a las generaciones presentes de un pasado que no vuelve, pero que deja en sus manos un deporte constituido, reglamentado y en plena superación”.

Aníbal S. Vázquez, uno de los primeros jugadores paranaenses, es más concreto en el comentario de la página deportiva de “La Acción” el 9 de julio de 1952. En esa fecha visitaba Paraná por quinta vez el primer equipo de Boca Juniors para enfrentarse en un amistoso con el combinado de la Liga Paranaense de Fútbol.

De acuerdo a esta crónica, en los primeros meses del año 1902 un grupo de alumnos becados de la provincia de Chubut llegaron de gira a Paraná trayendo consigo la primera pelota de fútbol con la cual se iniciaron en la práctica los escolares paranaenses.

A partir de  entonces un profesor de la Escuela Normal, don Cirilo A. Pintos (xx), tomó la posta con mucho entusiasmo y dedicación para organizar el primer equipo que jugó en Paraná. “En tales circunstancias supo  vencer todos los inconvenientes y pudo sobreponerse a todos los escrúpulos, iniciando así la formación del primer equipo”, utilizando los alumnos de la Escuela Normal. Al establecer contacto con los ingleses de la estación del ferrocarril logró la elemental información reglamentaria y los primeros rivales para el novel equipo formado.

(xx) Cirilo  Amancay Pintos, nacido por 1873, profesor de la Escuela Normal, trigueño, bajo de estatura, de nariz regular (Registro Cívico 1895);  casó en diciembre de 1905 en Paraná con Elba Delfina Soler. Tuvo además destacada actuación en otras áreas, entre ellas: la fotografía, habiendo dejado un importante material que aún se conserva, alguno de los cuales forman parte de este trabajo.

EL BASQUETBOL EN PARANÁ

La práctica de este deporte, aunque cobró empuje unos años más adelante, tuvo su primera exhibición el domingo 16 de setiembre de 1923 en la cancha que se preparó al efecto en el Parque Mitre, ubicado en el Parque Urquiza en inmediaciones del sector que hoy ocupa el monumento al Cóndor. La prensa local se hizo eco de este acontecimiento con el siguiente suelto:
“El domingo se jugó un partido en el Parque Mitre.
En la cancha que el “Club Sportivo Paraná” posee en el Parque Mitre jugose el domingo un partido de basquetball con el objeto de hacer conocer por sus socios el nuevo juego que marcará, junto con el “Lawn Tenne”, el principio de la actividades deportivas que esta institución piensa desarrollar.
Los deportistas que con motivo del partido final por la Copa Mitre asistieron al Parque Mitre quedaron contestes en reconocer la importancia de la introducción de este nuevo deporte, pues dada la  generosa actividad y rapidez de concepción, así como la necesidad de “combinar” a que se ve obligado el jugador se comprende fácilmente lo que el básquet ball significa como entrenamiento para el foot ball, rugby, natación, remo, box, etc.
Esperamos que otros clubs de esta capital sigan el ejemplo del Club Sportivo Paraná y así, además de aumentarse el campo de acción de los aficionados locales, tendremos oportunidad de ver las nobles rivalidades deportivas, ensanchadas aún más como sucede ya en la Capital Federal, donde existen más de 15 clubs que practican el básquet ball”.

El primer equipo que se formó en la ciudad se llamó “Saturno” y uno de los impulsores de la práctica de este deporte fue Raúl Uranga, años más tarde, gobernador de Entre Ríos. Para principio de 1928 ya se comenzaron a jugar los primeros partidos amistosos. Un suelto de prensa de febrero de 1828 anunciaba lo siguiente: BASKETBALL. Paraná Vs. Saturno. En un partido de carácter amistoso se encontrarán mañana las primeras divisiones de los clubs del epígrafe en la cancha de Saturnia Basquetball en calle Santa Fe,  entre Moreno y Malvinas a las 18 hs. Dirigirá el encuentro el señor Raúl Uranga. Los equipos formarán así: Paraná con Arcioni, Carabajal, Bogoni, Berenguer y Rodríguez. Saturnia con Cordini, Mariotti, Cordini, Marquetti y Nux”.

De la crónica de aquel encuentro surge que Paraná le ganó a Saturnia por 14 a 11 tantos, en cancha de estos últimos y el encuentro tuvo el carácter de revancha. “El partido fue reñidísimamente disputado durante los dos períodos, terminando con el triunfo de Paraná por 14 tantos contra 11. Actuó correctamente de referee el aficionado Raúl Uranga…”.

La actividad continuó desarrollándose con cierta continuidad, hasta que nació el “Quique Basquet Ball”; en abril de 1931 aparecía el siguiente comentario: “Hay entusiasmo por el basquetball. Desde que se fundó el Quique Básquet Ball este noble deporte despertó mucho interés entre los aficionados y en poco tiempo ha logrado reunir un número ponderable de adeptos que lo practica y juega con entusiasmo. En el Colegio Nacional son muchos los jóvenes que se han enrolado en estas actividades y en la actualidad un núcleo de alumnos de tercer año bajo la dirección de Alfredo Pujol se están alistando para competir con otros equipos de esta capital”; jugaban: Pujol, Cordini, Planas, Jaimovich, Martínez, Ruiz Moreno,Hernández, Ordano, Guilbert, Rodríguez, etc.

Dado que esta reseña documental no se extiende más allá de la década del 20 del siglo XX, se agrega como dato anecdótico final que uno de los equipos más representativos de Paraná en este deporte, Echague, inauguró su primera cancha de básquet el 6 de noviembre de 1832.

EL DEPORTE DEL POLO EN PARANÁ

La práctica de este deporte estuvo relacionada al ejército que estaba asentado en la ciudad. Precisamente fue el teniente coronel Aldasoro quién organizó los primeros encuentros de polo en mayo de 1919.

PRÁCTICA DEL TIRO EN PARANÁ

El Tiro Federal Argentino fue creado por iniciativa del Club Gimnasia y Esgrima, mediante Decreto del Gobierno Provincial.
Otra de las actividades recreativas fue la del tiro al blanco, que finalmente se concentró en el Tiro Federal Argentino. Entre los antecedentes recogidos se destaca un concurso de tiro organizado por el Comando de la Tercera Región del Ejército que arrojó este resultado:
Eduardo Montijano 242 puntos (52, 50, 49, 46, 45) y teniente Lino H. Montiel (padre del ex gobernador Sergio Alberto Montiel) 219 puntos (47, 33, 43, 42, 42). En Blanco “Sportiva” Cayetano Forzano se clasificó segundo.

Al mes siguiente se realizó otra competencia en la que se dieron, entre otros, estos resultados:
En la “Sportiva”: 1° premio Lino Hilario Montiel (padre del ex gobernador Sergio Montiel) con fusil Winchester, 2° Cayetano Forzano. En Blanco Comando Tercera Región: 1° Eduardo Montijano. 2° Lino H. Montiel con revólver Webley.

NATACIÓN, REGATAS Y WATER POLO EN PARANÁ

Es fácil suponer que la cercanía del río fue suficiente motivo para que la práctica de la natación, aunque no en forma competitiva, se haya realizado desde los primeros tiempos, a partir del asentamiento inicial de la población de la Baxada. Pero las primeras competencias se fueron dando, de a poco, desde el principio del siglo XX y alcanzaron una mejor organización a partir del Club de Natación Paraná que fue fundado el 5 de marzo de 1909 por don José Pianello y el Dr. Antonio Medina.

El 7 de marzo de 1915 tuvo lugar una gran fiesta náutica, en la que se llevaron adelante pruebas de natación por el campeonato argentino. En la cuarta carrera, en una distancia de 3.000 metros se impuso Federico Thompson, resultando segundo el santafesino Constantino Pisingrille y tercero Pedro N. Candioti, de la misma ciudad vecina. En la séptima carrera de velocidad en 150 metros se impuso Federico Thompson sobre Félix M. Reguera de Santa Fe y Jaime A. Baucis de Paraná.

Para febrero del año siguiente un grupo de entusiastas que gustaban de la  natación organizaron algunas pruebas en el Balneario de la Isla Puente en un anticipo de lo que sería luego la fundación del Paraná Rowing Club. Para el concurso de natación programado para el domingo 27 de febrero a las 2 de la tarde fueron designadas estas personas para actuar como jurado: Doctor Pedro Oberti, Tito Clark, Arturo F. Penny, Eugenio Ramira, Lucio Arengo, Bernardo Elitcheri, Dr. Antonio Medina, Dr. Eduardo Sobral, Agustín Oberti, Andrés J. Zapata y Ataulfo Coutada.

Los resultados de las distintas pruebas fueron los siguientes:
. En 4.000 metros: 1° Federico Thompson en 39’. 2° Enrique Thompson con 41’ y 1/2. 3° J. S. Garamendi con 42’.
. En 200 metros ganó Federico Thompson con 1’36’’. 2° Enrique Thompson. 3° G. Baucis.
. En 10 metros: 1° Francisco Uranga. 2° José Díaz. 3° J. Jaroslavsky.
. En 20 metros: 1° Miguel Zambrano. 2° Manuel De Felipe. 3° Carlos Soto.
. En 50 metros: 1° Anselmo Godoy. 2° Rafael Zambrano. 3° José Tost.
. En 500 metros: 1° Enrique Echemendigaray. 2° A. Yódice. 3° J. Baclieri.
. En 100 metros: 1° A. Yódice. 2° J. L. Garamendy. 3° Alejandro López.
. En zambullida: 1° B. Acosta. 2° E. Ramírez. 3° P. Tobal.
. En 1.000 metros: 1° E. Echemendigaray. 2° H. Medina. 3° J. L.  Garamendy.
. En salto: 1° G. Baucis. 2° Federico Thompson. 3° Enrique Thompson.
. En Palo Jabonado: 1° Federico Thompson. 2° Alejandro López.

Para marzo de año siguiente se resolvió fundar el Paraná Rowing Club. La noticia fue publicada en un suelto de esta forma: “Un núcleo de conocidos caballeros ha resuelto formar un Club de Regatas que se denominará Rowing Club. Para ello cuentan con un crecido número de adherente. En breve celebrarán una reunión para dejar constituida la Comisión Directiva”. El martes 3 de abril siguiente se reunieron con la finalidad de designar la Comisión Directiva la quedó compuesta por las siguientes personas: Ingeniero Miguel Izaguirre, Doctor Conrado Ferreyra y Ataulfo Coutada quienes se encargarían de hacer un proyecto de estatutos y luego llamar a asamblea general para dejar definitivamente constituida la sociedad.

Los jóvenes integrantes de esta nueva sociedad se reunieron en el salón de la Biblioteca Popular para tratar diversos temas relacionados con la práctica del nuevo deporte. Entre los presentes en dicha reunión estuvieron las siguientes personas: Ingeniero Miguel Izaguirre, Ezequiel Balbarrey, Giandana, Arturo F. Penny, Cavallo, Toribio E. Ortiz, Dr. Sobral, Ingeniero Vanetta, Bertozzi, Ataulfo Coutada, Ingeniero Sanguinetti, etc.

Las primeras acciones de este club se desarrollaron en su primer local social, ubicado en calle San Martín N° 212 frente a la Plaza Alvear. Para setiembre de 1917 adquirieron el primer bote, cuatro remos y timonel al Club Regatas de Santa Fe.

Un grato acontecimiento para el deporte de la natación se dio en marzo de 1918 cuando el aficionado del Club de Natación Paraná, José María Izaguirre, intentó el record de los nadadores argentinos al efectuar el raid Paraná – Santa Fe, que faltó concretar por pocos metros. Al respecto el diario “La Nación” de Buenos Aires hizo alusión a este hecho en el siguiente suelto: “Todo esfuerzo digno y que revela que el ejemplo del nadador Tiraboschi no ha sido en vano, es el realizado por el joven aficionado del Club de Natación de Paraná José M. Izaguirre al intentar el recorrido a nado por el río Paraná de la distancia que media entre la capital de Entre Ríos y Santa Fe. Para los que conocen las condiciones muy especiales en que puede hacerse la travesía a favor de la correntada, no será sorprendente que el joven aficionado haya logrado la casi obtención de su propósito. Sin embargo indica todo un notable esfuerzo de mantenimiento y por lo tanto revelador de condiciones que habilitan al aficionado Izaguirre para que intente nuevamente su raid en otros de mayor aliento con mejor fortuna”.

Con motivo de la realización del Campeonato Nacional de Natación de los cuatro kilómetros, el domingo 17 de marzo de dicho año se realizaron varias pruebas organizadas por el Club de Natación Paraná en la zona del Balneario de la Isla Puente.  Los resultados fueron los siguientes:
1.- Carrera de 20 metros: 1° Ricardo M. Etcheves. 2° Adolfo Aldao. 3° Juan B. Monti.
2.- Carrera de 50 metros: 1° Manuel A. De Felipe. 2° Ricardo M. Etcheves Baucis. 3° Juan B. Monti.
3.- Carrera de 80 metros: 1° Guillermo Edwards. 2° Enrique Etcheves Baucis.
4.- Carrera de 120 metros: 1° Horacio Medina. 2° Arturo Edwards. 3° Roberto Aldao.
5.- Carrera de 200 metros: 1° José J. Thompson. 2° Pedro A. Candioti del Club de Regatas de Santa Fe. 3° Francisconi.
6.- Carrera de 300 metros: 1° Rafael Llorens. 2° Roberto Aldao. 3° Guillermo Edwards.
7.- Carrera de 1.500 metros: 1° Arturo Thompson. 2° Arturo Edwards. 3° José Fabro.
8.- Carrera de 4.000 por el Campeonato Argentino de Natación: 1° Arturo Thompson en 33’30’’. 2° Pedro A. Candioti, del C. Regatas de Santa Fe en 34’. 3° Enrique Etchemendigaray con 36’. 4° Rafael Llorens con 38’.

Los primeros grandes representantes del Club de Natación Paraná en las competencias internacionales fueron los hermanos Federico y Enrique Thompson, Freddy y Quique, quienes el 5 de abril de 1919 participaron en las pruebas preparatorias para las grandes carreras internacionales que se realizarían en Río de Janeiro, Brasil, el siguiente mes. En 120 metros clasificó segundo Federico Thompson y en 300 metros ganó Enrique Thompson. A la semana siguiente Enrique Thompson con un tiempo de 1’34’’ 1/5 ganó en la pileta Balcarce de Buenos Aires el Campeonato Sudamericano de Velocidad en 128 metros, adjudicándose por ese año la Copa “Marcelo Costa Paz”, sobre su rival Nemesio de Olariaga. En dicha competencia no pudo participar el conocido nadador Saturnino Álzaga Unzué.

Ambos hermanos paranaenses se preparaban para la competencia en Brasil y exhibían sus logros más resonantes. Federico Thompson de 1910 había logrado dos primeros premios, tres segundos puestos en campeonatos y había triunfado en 13 competencias de menor importancia. Su hermano Enrique desde el mismo año había ganado 3 campeonatos y 17 carreras de menor importancia.

La actuación en el Campeonato de Natación Sudamericano realizado en Río de Janeiro el 18 de mayo de los hermanos Thompson fue descollante. Federico T. salió segundo en 100 metros y Enrique T. también clasificó segundo en 1.300 metros. En febrero del año siguiente participaron de competencias organizadas por la Asociación de Jóvenes Cristianos de Buenos Aires ganando Federico Thompson en 100 metros y Enrique Thompson en 200 metros.

Es digno de destacar también que por primera vez se registró el raid Villa Urquiza – Paraná el domingo 27 de marzo de 1921 realizado por el nadador del Club de Natación Paraná José M. Mesón, por lo que recibió muchísimas felicitaciones. Hizo el recorrido en 2 horas y 42 minutos, anotándose un promedio de 28 brazadas por minuto en estilo pecho, en casi todo el recorrido.

Hacia del mismo año se realizaron pruebas en la Isla Puente con los siguientes participantes. Raúl Uranga, Francisco Uranga, Luis C. Balceda, Humberto Zulián, Vicente Viva, Cecilio Benítez, Aníbal Etcheves, Pedro Llorens,, Pedro Rodríguez, Martín Picó, Casimiro Olmos, Pedro Sareieta, José M. Mesón, Juan C. Caraffa, Domingo Russo.

Años más adelante, el representante del Paraná Rowing Club, Francisco Uranga, compitió en Buenos Aires con gran suceso, empatando con el porteño Zorrilla en 100 metros y logrando batir los records de 80 y 40 metros.

En las actividades deportivas acuáticas, aunque sin información sobre sus actividades existe la fecha del 15 de marzo de 1890 como presunta fundación del “Club de Regatas Entre- Riano”; luego fue el Paraná Rowing Club la entidad que fue marcando el rumbo en los primeros tiempos, a lo que años más tarde se agregaría (en la década del ’30) el Club Atlético Estudiantes. Los presidentes del Rowing desde su fundación fueron en la citada época los siguientes: 1917, 1918 y 1919 Miguel F. Izaguirre; 1920 Roberto Vanetta; 1921 y 1922 Rafael Ávila Castilla; 1923, 1924 y 1925 Arturo Penny (finalizando ese período Miguel F. Izaguirre, secundado como secretario por J. Carbini); 1926 Oscar Reula. Dicho año integraron también la Comisión Directiva: Federico Culó, vice presidente; Enrique Alonso (h), secretario; Lino Churruarín, tesorero; Alejandro López, Mauricio Van Der Brock y Salomón Rotman, vocales; Luís F. Garramendy, capitán.

En remo el citado club tuvo socios que realizaron importantes raids, como el de la ida y vuelta a Corrientes, otro igual a La Paz, Diamante y repetidos cruces a Santa Fe. Para 1926 contaba con 20 embarcaciones. También para entonces habían logrado numerosos trofeos y medallas en carreras de piraguas, principalmente contra sus pares de Santa Fe.

En wáter polo tuvo su primer gran equipo representativo, que llegó a competir en Buenos Aires en 1921, integrado por: Arcioni; Federico Thompson y Brigquiau; Arturo Thompson, Francisco Uranga, Enrique Thompson y F. Torino. El equipo de 1926 realizó una excelente campaña ya que de 17 encuentros sólo perdió frente al G.E.B.A. (Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires); integraron dicho equipo: Jorge Uranga, Federico Thompson y José Calderón; Enrique Thompson, Oscar Izaguirre, Arturo Thompson y Carlos Otaño.



martes, 20 de marzo de 2012

ELOY GOYBURO. BOXEADOR QUE EN 1924 PRODUJO LA PRIMERA MUERTE DEL RIVAL EN UN MATCH EN PARANÁ

La primera víctima fatal del boxeo argentino se produjo en Paraná

BOXEADOR ELOY GOYBURO
PROTAGONISTA EN LA MUERTE DE SU RIVAL JOSÉ DELGADO

El sábado 29 de diciembre de 1924 se realizó un hecho que enlutó al deporte en general de la ciudad y se constituyó en el primer caso fatal producido en un match de boxeo en Argentina.  Había un antecedente reciente ocurrido por entonces en la ciudad de Milán, Italia, en que un boxeador había caía por K.O. para no levantarse jamás.

Esta triste tragedia provocó una gran consternación pública, siendo el tema de varios días posteriores en todos los círculos, incluso en los hogares, ya que la noticia de esta muerte dejó en los espíritus el aturdimiento natural que provocan las desgracias. Incluso provocó desencanto la práctica de este deporte, al que se consideraba brutal y violento cuando el público quería satisfacer sus deseos de “ver sangre” a cualquier costo e incitaba a los contendientes a luchar sin miramientos ni compasión, confundiendo lo que realmente es el pugilismo deportivo.

En aquel tiempo se carecía de una organización y controles que, con una reglamentación adecuada, rodeara de garantías y provocara la sensación de una protección legal, para impedir la degeneración de este deporte, ya que en Paraná se venía notando que su práctica estaba desviada por groseros excesos, desde escándalos vergonzosos a este accidente fatal, víctima de un impulso criminal y egoísta, por aquellos que llamamos “amor propio”.

Entre la codicia de los inescrupulosos empresarios y la sed de violencia del público, no se interponían las autoridades con una intervención enérgica para evitar desgracias. Desde hacía un tiempo se venía reclamando a la Municipalidad que dictara una ordenanza reglamentando estos encuentros entre profesionales que andaban detrás de un título, o mejor, de una bolsa. Se comentó con posterioridad que la misma Municipalidad fomentaba los encuentros clandestinos, colaborando con elementos para montar los rings, en lugares donde “casi diariamente la policía hacía irrupción para contener los escándalos que allí se originaban. Así, en esta forma, el deporte fue perdiendo su finalidad y su espíritu, hasta hacer escuela de brutalidad y hasta de perversión de elementos que concurrían a tales espectáculos para cambiar apuestas por dinero, como en los reñideros de gallos o canchas de pelotas”. Sabía ocurrir que los empresarios no tenían empacho en colocar sobre el ring al primer corajudo que se animara a calzar guantes.

Ese sábado 29 de diciembre en el teatro “3 de Febrero”, bajo el calor del entusiasmo desmedido que la lucha pugilística provocaba, el público empujaba con sus gritos a los contendientes para que “se matarán” si fuera posible. “Influenciados por la gritería del público y tocados en el egoísmo que lleva adherido en su espíritu todo hombre, los pugilistas se mantenían en pie únicamente para satisfacer las exigencias de ese mal comprendido amor propio. Materialmente estaban fuera de combate, pero el público pedía, exigía la caída final y estaba atento a los campanillazos de la Asistencia Pública”.

El combate del que participaron Eloy T. Goyburo (dirigido por el conocido pugilista santafesino José Pinasco)  y José Delgado se desarrolló con violencia desde el comienzo. Al iniciarse el 9° round ambos boxeadores estaban totalmente abatidos, manteniéndose en pie a duras penas. “El público incitaba alentando a ambos para que hagan lo imposible y éstos se entregaron a la lucha más bárbara y encarnizada que se haya visto en Paraná. En un cambio de golpes Delgado perdió toda chance y fue perseguido impetuosamente por Boyguro, recibiendo numerosos uppercout que lo hacían tambalear cada vez que lo tocaban. Entre parte del público se insinuó la certidumbre de que los segundos del Delgado tirarían la esponja o el referee suspendería el encuentro. Hasta se pensó en la intervención del médico de servicio o de la policía, que allí estaba impertérrito, viendo consumar la triste obra.

Después de ser acorralado sucesivamente en dos rincones, Delgado recibió el golpe final – un uppercout – que lo hizo caer espectacularmente, de espaldas, golpeándose bárbaramente la cabeza sobre el tablado. Boyguro dibujó sobre su boca un rictus que era de satisfacción y de dolor, y apenas se mantenía en pie, flaqueándole las piernas. Materialmente estaba K.O. de pie. Al ser llevado a su rincón recobró sus facultades a fuerza de masajes y poco después fue exhibido al público; no parecía un hombre; sin embargo, el público, delirante y tembloroso, saludaba en Boyguro al rey de la noche; era un perfecto gladiador romano, después de la lucha cruenta en el circo. Mientras tanto, Delgado era alzado del suelo, donde estaba verde, rígido, como un muerto. Fue tendido sobre el tablado ante el asombro de la concurrencia, que ya había cambiado su ardentía fanática por la estupefacción y el dolor. Se le suministró al accidentado una inyección y al cabo de una hora – como no reaccionaba – una camilla llegó hasta el ring y afuera sonó la campanilla de la Asistencia Pública”.

Luego, José Delgado fue trasladado al Hospital San Martín, donde estuvieron junto a su lecho varios médicos y algunos amigos, pero la ciencia de entonces y todo cuidado fueron inútiles para detener la conmoción cerebral, producida al caer en el ring, de acuerdo a la autopsia realizada por los doctores Icasati y Solari.

José Delgado fallecía a las 7 de la mañana sin haber podido pronunciar palabra alguna. Era de origen español, de 19 años, radicado en Rosario. Había ingresado a la Escuela del boxeador Plaisant en 1918, habiendo hecho su primer combate como aficionado recién en 1921. En 1922 derrotó a varios profesionales de su categoría peso medio mediano, por lo que le valió la posibilidad de conquistar en 1923 en título de Campeón Rosarino.  Estuvo inscripto para el Campeonato Sudamericano, pero no pudo participar por otros compromisos.

Era hijo único de madre viuda, por lo tanto su único sustento. Hacía poco que un hermano había fallecido ahogado y su única hermana había dejado de existir en Buenos Aires. Su madre nunca pudo ver fallecer a sus hijos. Por tercera vez la viejecita que vivía en los alrededores de Rosario, Santa Fe, tuvo que recibir una dramática noticia, que le hizo sufrir una preocupante crisis al conocer la noticia; de cuatro hijos le quedó únicamente una hija casada con José García, domiciliado en la misma ciudad.

Pese a la barbarie ocurrida, hubo solidaridad ante este deceso, ya que miembros de la Asociación Bancaria ofrecieron su local social de calle San Martín para que fueran velados los restos del  infortunado deportista, donde se instaló la capilla ardiente a partir del domingo 30 de diciembre por la tarde. Los pizarrones de los diarios informaron del suceso, por lo que se notó una gran afluencia de público que desfiló por el velatorio para demostrar una inmensa sensación de pesar. “Allí desfilaron grandes y chicos sin distinción de banderías, de colores políticos, ni de sectas, miembros de nuestra más distinguida sociedad, junto a personas humildes; todos, en fin, con el único propósito de testimoniar el dolor causado por el fallecimiento del joven pugilista de gran corazón y de enérgica valentía.” También el propio Eloy Boyguro, que quedó detenido en su casa con custodia policial, se mostró apesadumbrado por el inesperado final de su adversario y donó la bolsa que le correspondía para atender los gastos de su traslado.

El lunes 1° de enero a las 16:30 horas fueron embarcados hacia Rosario en el vapor “Sol Argentino”  los restos de José Delgado, que fueron conducidos “a pulso” en homenaje al caído, con guardia de honor de un pelotón del cuerpo de bomberos  y acompañados por una gran columna de vecinos de Paraná. Una vez embarcado el féretro, hizo uso de la palabra el señor Tito Ordoño en nombre del Paraná F.B.C. y luego se desmovilizaron todos en un silencio completo. 

El señor Francisco Urizar, organizador de la pelea, colaboró en todo momento que se lo necesitó y estuvo junto al lecho de Delgado hasta su deceso, junto a E. Garcilazo, Luís de Navasqués y Ramos; también colaboró con dinero para su traslado. Acompañó los restos hasta Rosario el señor Miguel A. Pérez. Numerosos ramos y coronas fueron enviado al velatorio, entre los que se anotaron: Boxing Club Progreso, Asociación Bancaria, Paraná F.B.C., Isauro Piedrabuena, Luís de Navasqués, Francisco Urizar, Alfredo Salcerini, Sinisgalli Hermanos, Familia Ruiz, Luís Ruiz y señora, familia Berraondo, José María Mesón, José Marelli y flia., Francisco Melchor, Francisco Silva, entre otras más. En la colecta popular organizada por los doctores Teófilo Monié y Francisco Martínez Soler y los señores Luís de Navasqués y José Marelli, se recaudaron alrededor de 400 pesos.

El señor Ramos, manager de Delgado, manifestó con posterioridad al desenlace que en el 8° round había tenido intención de arrojar la toalla, pero Delgado se había opuesto resueltamente diciéndole: “si hacés eso dejo a Boyguro y te muelo los huesos. No quiero apresurar la pelea porque la tengo ganada. Recién al 10° round voy a apurar el trabajo para ponerlo k.o.”

En la editorial de “La Mañana” se comentó lo siguiente: LA DEGRADACION DEL DEPORTE. El Paraná ha presenciado el espectáculo más brutal por su desarrollo y por sus dolorosas consecuencias.
A medida que veíamos aquellos dos hombres bestializados y sentíamos que la multitud enardecida los azuzaba, como a lebreles furiosos a una lucha sin perdón y sin tregua, desfilaban a nuestros ojos las escenas de aquella antigüedad caduca, que pedía a sus tiranos pan y circo para saciar los apetitos que la corrupción y la decadencia sustituyen a los nobles ideales del espíritu.
Es esta la pendiente que conduce a la degradación, que el pueblo de Paraná presenció entre gritos, entre alaridos de estímulo para la lucha y aplausos para el triunfador enfurecido. Ya no es la máxima que nos obliga a conservar una mente sana en un cuerpo sano la que nos atrae a espectáculos dignificadores, en que el deportista enseña las líneas hermosas de su talla hermosa y escultural, como resultado de una labor equilibrada para hacer más bella la figura humana en vez de dejarla que se acerque más a los rasgos ancestrales de sus ascendencia zoológica. La bestia humana domina por completo en la exclamación brutal de ¡pelea! ¡pelea!, con que a cada momento se exalta el amor propio, hasta enceguecer de furia a los combatientes.
Todos somos responsables de la muerte de José Delgado, por que todos nos hemos dejado arrastrar al extremo; los empresarios, en primer término, que han hecho de este deporte un comercio indigno e inmoral, explotando la debilidad colectiva; los promotores que se dedican a bestializar a los hombres para lanzarlos a la lucha; los pugilistas que desnaturalizan la fuerza, la belleza de su cuerpo para entregarla a un tráfico tan infame; las autoridades, que consienten sin reglamentación estos espectáculos de explotación colectiva; el público que los alienta con su concurrencia; la prensa misma, que debemos reconocer, aún imputándonos nuestro propio error, ha sido débil y complaciente en su estímulo equivocado a esto que no constituye un deporte.
Pero aun estamos a tiempo de reaccionar. En primer lugar deben hacerlo las autoridades, prohibiendo estos espectáculos de incultura, en que se comercia indignamente con un deporte  que noblemente dirigido puede ser benéfico para el desarrollo de la raza. La sociedad debe también su repudio a los que explotan las pasiones primitivas del hombre bestializado.
La muerte de José Delgado es una advertencia que debió servir para que las autoridades sin pérdida de tiempo adoptaran medidas enérgicas y prohibieran los espectáculos que se vienen celebrando.
Casualmente encontramos una cláusula en la reciente ordenanza sancionada por la Municipalidad de Buenos Aires, que autoriza a la comisión de boxeo a suspender la pelea en que hay ensañamiento o brutalidad.
 La pelea entre Boyguro y Delgado tuvo esas características. Exenta de toda técnica, ausente toda regla académica fue una riña vulgar, que lo mismo pudo celebrarse en un teatro como en una pulpería. Aquellos dos hombres pelearon largo tiempo sin sentido y mucho antes de terminar el combate con la caída de Delgado debió suspenderse para evitar sus consecuencias y ahorrar al Paraná el espectáculo repugnante que ha presenciado.
 Pero no hubo en el público una reacción que pusiera fin a aquel espectáculo degradante para la dignidad humana. Esperamos que la dolorosa lección sea provechosa aunque tardía.

También se hizo eco del triste desenlace el diario “Nueva Época” de Santa Fe, que en un suelto comentó lo siguiente: “Civilización o Barbarie. Durante ocho períodos, que en extraño lenguaje denomínanse round, se sopapearon ambos con una gracia admirable, arrancando las calurosas ovaciones de una entusiasta multitud, que acostumbrada a una especie de cuento del tío que se llama tongo, no cabía en sí de gozo al ver que las trompadas eran auténticas.
Sonó el gong que suele ser un vulgar pito de vigilante y comenzó el noveno round. A los pocos segundos, uno de los contendientes recibió una feroz trompada y rodó por el tablado.  El señor que hace de juez contó en voz alta hasta diez y pudo seguir contando hasta mil, pues el caído no se tomó el trabajo de interrumpirle, postrado completamente.
Se levantó el brazo del vencedor, y el vencido fue auxiliado por sus segundos hasta entregarlo a las hermanas del Hospital que apenas si tuvieron tiempo de aprestarle una mortaja. Posiblemente el público numeroso que aplaudía a rabiar anteanoche los golpes dados y recibidos por los luchadores, no acompañará ni al puerto el cadáver del vencido.
La civilización tiene frutos inesperados. Para producirlos le basta arrancar al bueno sus enseñanzas  convirtiéndolas en motivo de placer. Lo que sólo se propició para defensa personal, se trocó en espectáculo, vale decir en barbarie.
Esa magna ovación tributada al vencedor sobre el ring de Paraná erguido junto al cadáver o poco menos, es de una significación trágica y trasunta a las mil maravillas la cultura de que tanto nos enorgullecemos. Civilización o barbarie parecen vocablos inseparables todavía para el hombre”.

Es interesante rescatar otro editorial de “La Mañana” publicado días después, ya que grafica la realidad de la actividad deportiva de entonces: Ecos de la Trágica Muerte del Pugilista Delgado. El fatal accidente ha tocado lo más vital de lección deportiva pues es general el desencanto por el deporte. El suceso, si bien es lamentable, servirá de lección deportiva pues de el ha de surgir esa convicción de que todo ejercicio es peligroso cuando se le practica brutalmente.
En Paraná como en todas partes los deportes van degradándose paulatinamente, proporcionando espectáculos desdeñosos que salen de la corriente en que deben ser encausados para que surtan el efecto que se persigue con ellos.
El football, sobre todo, ofrece mucho campo para los excesos. Casi semanalmente se lamentan sucesos en que va comprometida la salud de los deportistas o se afecta la cultura de la sociedad en que vivimos. La brutalidad en el juego, las venganzas en el field o las agresiones con los referees o los jugadores, son cosas corrientes en este footballismo que progresa retrocediendo hacia tiempos primitivos, cuando la razón  o la habilidad eran suplidos por la honda y el silex.
Al público también pertenece gran suma de responsabilidad en estos espectáculos. Tocado por las influencias del pasionismo irrespetuoso del impulso sano del deporte, hacen del field, de las pistas o de los locales, un campo propicio para el desborde de sentimientos contrarios a la humanidad.
Provocan, azuzan, intrigan, o insultan a los deportistas, para que éstos, afectados en su amor propio, pierdan la serenidad y se entreguen a la correntada de las violencias olvidándose de sí mismo, del deporte, de la cultura y hasta de la tranquilidad de los hogares.
El mal es grave y merece ser contemplado antes que por los cultores y aficionados al deporte, por los padres, nadie más que éstos ejercen influencia sobre los hijos y están en el deber de exigirles consideración por la familia, porque aquellos se deben a ésta.
Ojalá que el suceso encuentre saludable resonancia en nuestros círculos y que los deportistas tomen ejemplo, para practicar los ejercicios en lo sucesivo con toda serenidad y nobleza de ánimo”.

La Federación Argentina de Box se hizo eco desde Buenos Aires de lo acontecido y envió como delegado a Paraná al celebrado atleta Enrique A. “Quique” Thompson, reciente campeón latinoamericano de 400 metros con valla, quién también era el Secretario de la Federación Argentina de Natación, para que gestione la adhesión de los clubes de boxeo, adoptando las medidas necesarias para dicho fin.

Es bueno rescatar la opinión basada en la ley vigente en aquel tiempo respecto al suceso ocurrido. El dilema era si se debía castigar a Eloy Boyguro desde la justicia criminal. Sobre este tema “La Mañana” tuvo la siguiente posición: “Requerida por nosotros la opinión de un letrado sobre el grado de responsabilidad penal del boxeador Eloy Boyguro con respecto a su match con Delgado y a la muerte del mismo como una consecuencia más o menos mediata de este encuentro  deportivo tan tristemente epilogado, no manifiesta categóricamente su opinión afirmando que Boyguro no puede ser pasible de penalidad alguna.
La única duda que podría suscitarse es encarando el caso bajo el punto de vista de un homicidio por imprudencia, desde que descartada lisa y llanamente la voluntad criminal, debe ir la imputabilidad a basarse en los elementos de la culpa o imprudencia que constituyen el fundamento de la responsabilidad en estos casos.
Nuestro interrogado entiende - ya particularizándose con el desarrollo del match del sábado – que éste se desenvolvió dentro de las prácticas reglamentarias del boxeo y perfectamente fiscalizado por un juez que interviene con sanciones en cualquier momento en que un luchador apela a los golpes prohibidos. Los golpes prohibidos lo son precisamente en cuanto pueden constituir un daño serio a la salud de los contendores o en cuanto ellos exponen falta de caballerosidad en la lucha aprovechándose de situaciones desiguales.
Boyguro hizo su lucha sin observación alguna por parte del referee y limitada ésta a un continuo cambio de golpes su finalidad bien ostensible fue la de abatir las fuerzas del adversario y no principalmente  la de marcar puntos para obtener el triunfo. La gran energía férrea y admirable fortaleza moral de Delgado excluían la más remota posibilidad de prever lo que desgraciadamente pasó y su manera de caer no puede vincularse a los actos de Boyguro empeñado en buscar el knock-out en la forma usual por aplicación de golpes de gran fuerza.
Por otra parte cada boxeador actúa bajo la tutela de sus segundos quienes pueden y deben impedir la lucha cuando ya la situación sea de manifiesta inferioridad. Imputar un descuido de esta naturaleza al boxeador adversario está fuera de toda lógica, ya que él tiene función bien determinada: vencer, y mientras el adversario no se declare vencido la lucha continúa.
La mala condición de salud de Delgado, que ha descubierto la pericia médica – como casual determinante de su fallecimiento – ubican la imprudencia de parte de él y de quienes pudieran conocerla.
Si el chaufeur que conduce a su máquina con la velocidad que le marcan los reglamentos del tráfico, está exento de pena cuando atropella alguna persona por virtud de actos imprudentes cometidos por la misma que lo inhabilitaran para toda maniobra ¿cómo puede castigarse a Boyguro que actuó dentro de una lucha reglamentada, perfectamente fiscalizada y sin excederse en sus actos?
Aparte de estas consideraciones podrían hacerse muchas, respecto a la situación particular de Boyguro que peleó estando groggy casi desde el principio y que se sostuvo merced a ese instinto de la lucha que permite actuar largamente en plena inconsciencia”.

Eloy Boyguro recobró la libertad el jueves 14 de febrero, ante la interposición de un recurso de su abogado defensor, doctor Ramón C. Ferreyra, acogiendo al su defendido a los beneficios de la Ley 2.773 vigente, para gozar de la libertad condicional, hasta que el caso se resolviese.
Eloy Boyguro casó en Paraná el 7 de julio de 1924 con Basilia Blanco.

INICIO DEL BOXEO EN PARANÁ

Pese a las características de los ingleses radicados en Paraná, se dio un singular enfrentamiento protagonizado por súbditos de esa nacionalidad, en un “desafío de box” realizado en la noche del 31 de julio de 1903, entre las 8:15 y 8:30 de la noche.
“Después  de una reñida lucha, que hacía entrever dudoso el triunfo, pues ambos contrincantes luchaban con denuedo y entereza, concurrieron varios agentes de la Sección 1ra. quiénes hicieron apaciguar el ánimo a los luchadores. Este espectáculo, poco común entre nosotros, fue presenciado por numerosas personas”.

De esta forma se iniciaba la práctica de este rudo deporte en Paraná, que no fue feliz a lo largo de más de un siglo, salvo la época que puede llamarse de esplendor desde la aparición de Luis Ángel Firpo en Buenos Aires que popularizó el mismo e incentivó su práctica en forma notoria en todo el país. De cualquier manera hubo desde sus comienzos una mala experiencia respecto a la práctica del mismo.

Luego del primer enfrentamiento boxístico, suspendido por la acción policial, pasaron tres años para reiniciar la actividad ante el público lugareño. Para el domingo 19 de junio de 1906 se organizó un combate en el local de calle Perú, esquina Comercio, entre Ángel Milne y Gerónimo Vuscovich, “en el que ambos sportman harán galas de las más rotundas contundencias. El público debe ir dispuesto a presenciar un “truqueada” con sus correspondientes consecuencias, pues, según el entrenaje de los que descenderán a la pista, no se trata de una simple simulación sino de un positivismo neto. Los amantes, pues, de esta clase de sport se darán cita en el local antedicho”.

Algo relacionado con este deporte fue el desafío público realizado por el italiano Miguel Masera y el uruguayo Pedro Rolandi, ambos campeones de lucha greco – romana, quienes lanzaron el reto a quien se atreviera a enfrentarlos, para lo cual deberían enviar un carta de aceptación para concretar la lucha al salón teatro de la Sociedad Italiana, ubicado en calle Monte Caseros (posteriormente estuvo allí el Cine Rex).

La anterior referencia a lo poco feliz que fue la práctica del boxeo tiene una primera confirmación en la actividad extra que realizaba Vuscovich en los ratos libres. Producto de sus andanzas fue baleado en sus piernas cuando intentó robar cargas de un tren en Estación Seguí, por lo cual fue trasladado al Hospital Municipal para ser atendido en calidad de preso, según se desprende de un informe policial de la época. Las andanzas continuaron y en un hecho sangriento terminó la vida del boxeador Vuscovich. Fue hacia fines de 1908; una crónica policial consignaba en un suelto el siguiente titular: Hecho Sangriento. Fin del Boxeador. Casi estaríamos por decir que la aparcería policial ha conducido a Gerónimo Vuscovich (a) “El Boxeador”, al trágico fin que ha tenido el viernes último su zarandeada existencia, pero quédesenos tal pensamiento en la entretela laboral.
   La muerte de Vuscovich es una consecuencia lógica de su manera de vivir. Carácter camorrista, un día había de encontrar quién lo liquidara en forma sangrienta, librando a la sociedad de un elemento amorfo y peligroso. Es que aún no están bien aclaradas, razón por la cual nos abstenemos de entrar en detalles del suceso.
   Basta decir que el drama se desarrolló en el Distrito Quebracho, en las proximidades de una casa de comercio, donde poco antes Vuscovich había sostenido una discusión con Desiderio Orsuza y Pedro ó Juan Larralde.
   Vuscovich era acompañado de Metán Dorado y al retirarse con éste en el birloche, desafiados o seguidos sin desafío por Orsuza y Larralde se trabaron en lucha en el campo, de la cual resultaron muertos el dicho Vuscovich y  Orsuza. No conocemos más detalles precisos del hecho hasta el momento en que trazamos estas líneas. El Comisario Bazzano se encuentra en el lugar del hecho, instruyéndose el sumario”.

Más adelante, llegó a la ciudad el dinamarqués Martín Petersen, maestro de esgrima y boxeo, quién se instaló con una academia en el Club Progreso para enseñar el último deporte.

Luego de dos años pareció cobrar mayor auge la práctica del boxeo, razón por la cual apareció la fundación del “Boxing Club Paraná”, con sede en la calle Santiago del Estero N° 135, cuya primera Comisión Directiva estuvo integrado por: Presidente señor Euclides M. Acevedo; Secretario señor Salvador Cohen (O Cohn); Tesorero señor Isauro Piedrabuena. Desde la prensa se hicieron votos por el éxito del mismo porque “siempre y cuando no salga de los límites que debe guardar, es un elemento integrante de la cultura física que tiende a dar robustez y agilidad a las personas y como tal es digno de recomendación”.

En noviembre de 1921 llegó desde Córdoba el profesor de boxeo Napoleón Aguilar para establecerse en la ciudad con un boxing club.